|
Corría el año 2000 en sus comienzos, aún no llegábamos a febrero cuando me conecté por primera vez a Internet, era una novata y aquel primer día, sin un guía en mi viaje, me aburrí demasiado pronto de andar un camino donde no veía los múltiples desvíos, atajos que tenía realmente. Aún así aquel viaje marcaría mi vida, desde entonces, pues había oído hablar demasiado y bueno de este mundo que había al otro lado de la ventana que era mi PC, y me seguí conectando cada noche, en cada rato a solas, hasta hacer que Internet formara parte de mi vida. En el mundo virtual, como casi todo el mundo,comencé por entrar en salas de chat, aficionarme a hablar con gente desconocida, aunque en principio no buscara nada más; pero mi forma de ser me indujo a utilizar sólo un chat, a seguir unas pautas de rutina comunes en mí, y acabé hablando con más asiduidad con la misma gente, ya no entraba a conocer gente, sino a aumentar mis conocimientos sobre personas en concreto. Este cambio de actitud acabó calando muy hondo en mí, y conseguí verdaderos amigos a través de la Red, rompiendo innumerables barreras que me iban poniendo amigos incrédulos en este tipo de relaciones. clavé en mi corazón muchísimas palabras agradables de gente que nunca me había visto, y me llevé a esas personas para siempre conmigo; pero también me pasaron hechos desagradables, como que un chat es una comunidad como cualquier otra, pero donde todo sucede muchísimo más rápido, donde no existe la timidez y apenas encontramos barreras, y como en cualquier comunidad puedes encontrarte seres sin corazón, personas que sólo buscan hacer daño y muchas veces lo consiguen. Este pensamiento no está destinado a hablar sobre mis problemas a lo largo de mis andaduras por la Red, sino que es un tributo a la amistad sincera y real, pues aún hablo con muchos de esos amigos que encontré un día al otro lado de mi ordenador, muchos de los amigos que no entendían la posibilidad de tener ciberamigos han desaparecido de mi vida, mientras que esas personas que conozco sólo por sus palabras me siguen apoyando y dandome todo el cariño que les permiten las palabras, cariño que intento corresponder siempre. Animo a todo el mundo a que no se ponga barreras, que olviden las formas, pues lo importante es el resultado. No valoro más a un ciberamigo que a quien conocí primero en persona, pero no desecho ninguna oportunidad de conocer a un corazón pleno de amor, no busco una raza o un sexo determinado, busco un amigo, una persona que me haga sonreír sólo con pensar en ella. Sólo me queda decir que en este tiempo he tenido la suerte de conocer en persona a algunos (a muy pocos, por desgracia, pues nos separa el océano) de estos amigos, y parece que nos conociéramos de toda la vida, es hermoso poder compartir tu vida con unas personas que de otro modo nunca se hubieran encontrado.

|